A Kalula

Después de todo no hay tanta indolencia. Me hacía falta presenciar un acontecimiento como el siguiente para poder respirar y sentir que vuelvo a ser humana de nuevo: Eran las 4:30 de la tarde, de hoy lunes festivo. Mi hermano me ha llamado al celular muy preocupado y con voz acelerada, para informarme de un acontecimiento en el parque de la esquina. Le pregunté qué sucedía, me respondió

que había una perrita callejera dando a luz, y que unos vecinos al estaban auxiliando, que fuera pronto para allá. Salí con Sasha ( mi perrita Beaggle) preparada para ver el evento ( sonreía mientras pensaba en ello).

Al llegar vi una nube de gente que hacía un círculo al rededor, de quien ya saben, yo le llamaré Kalula (ya verán porqué el nombre).Ella estaba acostadita, con sus ojitos cerrados, se veía cansada, agotada. Su panza estaba regordeta, por sus cachorritos que hasta ese momento creí iba tener.

Al lado de Kalula estaba el veterinario que rápidamente había llegado para asistirla. Le palpaba la panza, y en sus gestos se deducía que las cosas no andaban bien. Todos nos miramos.

– Esta perra no va a dar a luz. Tiene la cavidad abdominal llena de gases, está muy mal. Parece como si la hubieran golpeado después de comer.

Yo me quedé fría. La sensación es algo difícil de poner en palabras, pero más o menos sería algo así como que un chorro de agua te cae desde la cabeza hasta los pies. Mi rostro cambió de inmediato. Sí, algo así como cuando anuncian la muerte de un ser muy allegado. Y es que eso justamente es lo particular de mi vivencia ( acabo de llegar de ello hace 10 minutos) sentir tanto cariño por un ser que si apenas has visto y ya le sientes cariño (¿Amor al prójimo? o simplemente la necesidad de respirar aire y sentirme humana, sentir, sentir, sentir, fue eso: sentir).

Bueno, después de saber que Kalula estaba muy enferma, el veterinario confirmó que además de sufrir esos fuertes dolores en el estómago a causa de los golpes, también estaba embarazada. Y allí se le suma un punzón más al corazón. Yo pensaba en Sasha y desde donde estaba yo la miraba.

Después de una hora de estar acostada en un cambuche que entre los vecinos habían construido, se decidió llamar a Zoonosis, pero -y aquí empiezan los peros- no atienden los festivos. ¡Qué remierda! cómo… Entonces los hospitales atenderán en horario de oficina, y los fines de semana sólo hasta el medio día. Fue una mezcolanza entre rabia, tristeza e impotencia (Mi cabeza se quedó en blanco… me he quedado meditando un momento, o..¡ bueno! sólo mirando al viento un rato). Nada, todavía no sabían que hacer los vecinos con Kalula; ¿llevarla a veterinario? ¿ponerle la inyección para eutanasia? hasta ahora esas eran las dos opciones.y después de mirarla a Kalula, de que el veterinario repitiera que había sido un golpe, de que todos se miraran, de que la gente llegara con cobijas, con más cartón, con platicos con agua para ella, de que mi hermano llorará y dijera “¡Ay Hijueputa vida!” …después de eso han decido llevarla para la veterinaria, allá la valorarían mejor, de ser posible al operarían, o tristemente la inyectaría para que descansara de tanto dolor.

Kalula nunca chilló, sólo  jadeaba, y nos miraba a todos. La valiente Kalula se despedía con su mirada mientras la cargaban en una camioneta que se ofreció a llevarla. Kalula, la que tiene buena suerte.

ANAEME

Estados de la Materia

Ella era hielo, él fuego intenso. Ella quiso reir y se quebró, la dureza del cubito de hielo en el que estaba convertida no aguantó la flexibilidad que la euforia propone. Él derritó los pedacitos en la que ella estaba hecha luego de quebrarse. Luego, ella se volvió una laguna de agua helada. Él volvió cálidas sus moléculas en estado de liquidez, ella se evaporó. Él, que era fuego, se apagó.

Tanto el calor como el frío hicieron efecto en cada uno de ellos. Ellos lograron mutar, cambiar. Ella, hielo; él, fuego, han aprendido la incidencia que tiene sobre el otro.

María Anfetamina

Imagen extraída de Google