Virtud

Tengo la virtud de todo suicida: la envidia. Veo tan puro el amor que sé no lo merezco. Y como no lo merezco, siento asco de los besos ignorantes de los amantes extrauniversales – fuera de mi universo rojo y pútrido, extrañamente pútrido- asco suficiente para ahogarme con el nudo que se agranda al no poder estrellar la rabia que causa el vacío estúpido de situaciones ficticias, nunca las tuve, que

 no tendré, que no busco suplir y qué escupo con mi fría salva, que unjo con las tontas lágrimas.

Busqué en el desasosiego, pero no me bastó. Fui de la mano con las evasivas, pero no me sirvieron, son bastardas. Y me encontré a mi; un ser despreciable, pequeño, desgarbada y orgullosa. Me encontré y el horror llamó la puerta de la mente -qué veo, memoria corroída y asfixiada por los miedos. 

A ti amante, a ti, tu que con fuego pretendes desafiar el tiempo, te digo que la ceguera se apoderó de ti. A ti te digo que los pasos son el vano. Sin embargo lánzate al vacío con dulzura, con placer, con arranque lánzate.

AnaEmeImagen

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Esta entrada fue publicada en Catarsis.

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