El Vals de las Mariposas

Imagen Extraída de Google
Cuando la vi su cuerpo ya se tendía rígido en la cornisa -quizá vino hasta aquí para no dejar pasar sus aleteos en vano, para que me diece cuenta de la hermosa ninfa que fue, y cómo un insecto como ella puede ser un gran bailarín-. La contemplé: sus alitas de material que cruje cuando las palpo, sus colores rimbombantes, su cuerpo entubado y negro, hacen recordar las clases del noveno año en el colegio y combinarlo con composiciones poéticas que fortuitamente aparecen en mi oído como eco.
Luego de ser semilla, huevo, oruga, ninfa y por fin imago, para volar y sobrevolar paisajes de vívidas flores y bailar sobre ellas con sus cantos de colores y sus colores encantados. Hacen rimar el viento con el sol de la mañana, batallan contra las impetuosos monstruos de asfalto, lata u otro material de la jungla de cemento. A pesar de su ambiente pesado en toneladas de flores artificiales, las que en la noche pretenden indicar el camino de regreso a casa con sus incandescentes faroles, conciben las otras flores, esas de texturas aterciopeladas, esas que sirven para aniquilar los demonios que se acomodan cada noche en las pesadillas que sueles contarme, esas que contienen una fina capa de algodón para disipar el desasosiego en una tarde en la que el brillante hace notable cada peca en nuestro rostro, esas flores que inspiran a las mariposas a danzar entre el cielo y la tierra.
Imaginaba sus sutiles movimientos, su baile armonioso, sus grandes vuelos de águila, incluso cuando la totalidad del universo ignoraba su existencia ella no paraba de girar en el aire de música. Imaginaba su misma estela, su aroma luego de posarse en una zarzamora – como una mujer después de ser besada con sexualidad, acariciada por orgasmos, amada por quién la contempla como fuente de agua de calma – . Tejía historias de tiempo, construía cuentos de pigmentos, llegaba a conclusiones no lejanas de mis experiencias; igual que tuve que ser pequeña, basta, burda, e impotente tuvo que ser aquella Venus revoloteante.
Levantarnos, caminar por cuenta misma para doblegar al mundo entero, cuentos infantiles con letra de sangre, con anécdotas inservibles. Y cuando se detiene el tiempo, por lo general un poco tarde, pasa que no hemos hecho uso sino de nuestra fría inteligencia, conspiramos contra sí mismos – da igual,qué importa la cantidad de gente si con dos perros que ladren para pedirnos pan es suficiente. Si tres nos hacen creer la inútil idea que mamá nos leía en la cama: Vé y vence al mundo con grandes actos heroicos, sin jamás advertirnos que Superman era proclive a la Kriptonita, y cuando ya no tenía el trae puesto..era irreconocible –
Entonces danzar para alcanzar la meta: ser invisibles.
Iré por mi sobredosis , si el cuento tiene final será porque los sedantes no fueron lo suficientemente efectivos. Y entonces podré darle flores a las mariposas.

María Anfetamina
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Esta entrada fue publicada en Suicidio.

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