La última diosa griega

Un puñado de fuego penetraba en medio de mis alas mientras las abría lentamente, su mano se deslizaba en mi pierna aterciopelada. Entre las caricias y el colchón no solo existía la excitación, en mi fuero interno estaban sus tibios labios que me recorrían la piel.


En otro piso estaba floreciendo aún más el orgullo de ser Afrodita, desde luego que la lujuria me invade, Eros viene a mí cada vez con un rostro distinto. Se que he surgido de la espuma, solo que la mitología griega todavía no está escrita, el presente es un especie de visualización al futuro, yo solo vivo lo que ha de pasar cuando se mire a una mujer en la barra de un bar se le ofrezca un cigarrillo, se le sonría, se le tome de la mano y se conduzca a una habitación o al sofá, o la que más da el lugar.

El tiempo se detuvo en el pasado, y continúa en el presente camuflado en forma de dejavú.Acariciando mi cabello vuelto hacia un lado con los ojos cerrados en una roca, miré y me fijé en el horizonte y repentinamente los abrí, aparecí en un sitio extraño, lucía diferente, acababa de despertar, recordé haber cumplido quince años, recordé una cita con el muchacho del cual estaba enamorada, mi gusto por experimentar y por satisfacer mis deseos ratificaría mi procedencia, mi divinidad, mi identidad.

Ahora con veinticuatro años se me hace difícil vivir sin la piel de otro hombre a mi lado, recordé, también, a mi abuela, vivía con ella (se suavizan la tristeza y la soledad cuando ella toma mi mano y seca mis lágrimas con los dedos), y se me vino a la cabeza la imagen de mi madre al irse, tenía cinco años, acurrucadita con mis pequeños dedos en las orejas tapándomelas para no oír la discusión entre ellas, no fueron necesarios los gritos para lacerarme la vida Tengo presente la mañana que nací en el futuro, soy una fiel predicadora de lo que escondo en mis azules ojos que llaman el mar. Renunciaría a ser Afrodita y quedarme hasta morir en éste tiempo turbulento, la diosa del amor está presente, no se trata de una locura, la locura de inspiración para Charles Bell, para mí, la mirada penetrante y algo más de los hombres.

Soy Afrodita encarnada en un cuerpo de prostituta llamada Ann sobre el hombre que acaricia sus caderas y barre su soledad

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Esta entrada fue publicada en Catarsis.

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